Querer bien

Aquello de querer mal y a medias no se me da. No sé si es cuestión de crianza, me enseñaron a querer bien. Soy de querer más y sufrir menos. Si te quiero, te lo digo, y puedes estar seguro que es sincero, aunque muchos no me lo creen, pero vamos, que no puedo obligar a que me crean. Algo más que no se me da nada bien, es mentir, así que también si no te quiero, te lo hago saber. Pero es que duele menos una verdad tajante, que una mentira de a largas.

Confío fácilmente, tal vez ese es el problema… ¿Será que quiero fácil? Esa pregunta últimamente me llega constantemente, es que todo esto me ha llevado a que me rompan el corazón más de una vez, y cada vez duele más y las consecuencias peores. Soy muy positiva, me gusta ver la luz de las personas, aunque estén inmersos en la oscuridad… Uno nunca sabe a quién puede estar salvando. ¿Si me arrepiento? Pues, no. Definitivamente, el sufrimiento por algunos no ha valido la pena, pero se siente bien querer bien, y si de algo estoy segura es que voy dejando huellas por allí, de esas que la marea no se lleva.

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Carta al amor que no se deja soltar

Hoy me hicieron pensarte más que algunos otros días, y de manera jocosa te dedique un hilo en Twitter, luego de unas horas me golpeó la realidad y llego la nostalgia. Así que, aquí estoy, en el lugar donde encuentro mi inspiración, uno que te gustaría, dedicándote una carta más, una que espero sea la última, si lo es, significa que he logrado cerrar el capítulo, una carta que no creo que leas o tal vez sí, en tu intento de Joe Goldberg, y a decir verdad, sea cual sea, prefiero no saberlo. Supongo que esto significa que aún no termino de soltarnos, no sé si fue por las últimas palabras o por todas aquellas que no se dijeron o las verdades a medias. Hace unos días me regocijé, y me dije a mi misma, que bien se siente ver y no sentir nada. Durante todo este tiempo, he dejado de lado mis emociones y mi razón es la que decide, conocí parte de tu verdad antes que me la dijeras, lo que ha hecho más fácil aceptar la realidad, mis sentimientos están adormecidos por causas mayores, pero por momentos me invade la sensación que la historia esta incompleta, soy consciente que así debe ser, aunque dadas las circunstancias no sé si algún día le pueda dar punto final. Todo esto suena algo deprimente, pero a decir verdad en estos momentos soy una persona feliz, con momentos de tristeza, y aunque mis últimas palabras parecieron llenas de rencor, es mi manera de alejar a quienes no se quieren ir, creo que lo necesitabas, necesitabas que te cerrará la puerta de tal manera para que pudieras aceptar tu realidad y seguir adelante como bien lo has hecho. Nunca podría odiarte, ese sentimiento nunca se me ha dado con nadie, y aunque en un momento lo traté, contigo sería un imposible.

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Me gusta – Parte II

Compartir con mi familia. El mar. La sensación de arena bajos mis pies. La música. Los conciertos. Las fotos blanco y negro, la fotografía en general. Mi cámara. Reuniones con amigos. Escribir a pluma y papel. Escribir de madrugada. Contacto visual y sonrisas a distancia. Las sonrisas sin palabras. La sinceridad y la verdad. Manejar sola de noche. El acento de los españoles. El italiano. La luna. Escuchar historias de personas que no conozco. El silencio de la noche. La alegría de mis sobrinos. Las guitarras. Dormir escuchando música. Canciones de Frank Sinatra, Dean Martin y Andy Williams. Cuando un bebé sostiene mi mano. La luna llena. Abrazar. Abrazos inesperados. Abrazos apretados. Los besos robados. Pequeñas mordidas durante los besos. Los Museos. Los jardines amplios. Las casas blancas. El Bossa Nova y el Jazz. Las grandes ciudades. El teclado bajo mis dedos. Llaveros. Pintar las paredes de mi casa. Los aviones. Los vuelos nocturnos. Mi perro, su mirada. Mis gatos, su ronroneo cuando alguno duerme sobre mi y que me reciban como perros. Dusty blue de Charles Bradley. Mensajes de afecto inesperados. Los mensajes de madrugada. Las palmeras. La satisfacción de mis pacientes. Los perfumes. Los lapices labiales. Leer un libro, las librerías. El abrazo de un niño. Aroma a café. Leer un periódico. Leer blogs. Los poemas.

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No me gusta – Parte II

Pensar que algún día mi madre me hará falta. Todas las cosas que no pude compartir con mi padre. La soledad en espacios cerrados. Esperar sola. Comer sola fuera de casa. Las mentiras. Los engaños. Las despedidas. Los falsos amigos. Que me digan que miento, que no crean en mi. Aquellos que juzgan sin conocer. Que me tengan que decir algo y no me lo digan. Los estereotipos. Que interpreten como debilidad la sensibilidad. Mi voz al cantar. Las cosquillas. Los pellizcos. Mi cabello rizado. Mis muñecas. Titanic. Los pitufos. Las Kardashians y Bad Bunny. Facebook. Bloquear. Preguntas matemáticas inesperadas. La química. Caminar descalza, con excepción en la arena. Debates sobre temas religiosos. Las comidas con coco. Las galletas de jengibre. Los caramelos. El color naranja. Las fragancias de goma de mascar. El estampado de serpiente. Relámpagos sin lluvia. Los sismos. El grito a un niño, que me griten a mí. El que es capaz de arrancar una vida. Arañas, hormigas. El 90% de los insectos. Cualquier animal con más de cuatro patas. Quien maltrata un animal, las fotos de animales maltratados. Que le griten a mi perro.

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Invencible

En medio del odio, descubrí que había dentro de mí, un amor invencible. En medio de las lágrimas, descubrí que había dentro de mí, una sonrisa invencible. En medio del caos, descubrí que había dentro de mí, una calma invencible. Me di cuenta, a pesar de todo que… En medio del invierno, había dentro de mí, un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra; dentro de mí hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta.

Albert Camus

Experta en decir adiós

Cuando de finales se trata, sin importar cuanto dolor me infrinjan siempre me quedo con los mejores momentos, pero las malas experiencias me han llevado a sacar mi parte más oscura.

Desde hace algún tiempo me hice experta en decir adiós de la peor manera. Desaparecer sin ningún indicio y decir esas palabras que crean heridas, que construyen muros. De esta manera me aseguro que mi presencia nunca jamás será requerida por esas personas.

Sé que no es excusa, pero así me convirtieron aquellas personas que me dieron dolor cuando les entregue mi todo. Aquellas de las que decidí alejarme en paz y solo regresaron para hacerme más daño.

Supongo que me canse que todos me buscarán a expensas de mis buenos sentimientos. Ellos sabían que siempre estaría cuando me buscarán, cuando no hubiesen otros brazos, otros labios. Pero si algo aprendí de esto fue que, no importa cuantas veces regresen, nunca será para quedarse.

La peor parte es que termino sufriendo, como duele decir palabras que no quieres decir, pero se que será efectivo para el adiós.

Lo que escucho no me define

Con el paso de los años se ha hecho normal encasillar ciertas características conductuales a algunos géneros musicales, y a decir verdad, casi nunca los aspectos relacionados serán positivos; si escuchas rock, eres un satánico, aunque si se hace acompañar de vestimenta negra, eres un depresivo; si lo tuyo es la música urbana, eres un delincuente; si eliges la música electrónica, te drogas; ni la balada te hará salvar, porque seguramente eres un aburrido; y así, muchas más denominaciones se han dado.  

Al tener un gusto musical diverso, he ganados amistades en los diferentes ámbitos musicales, esto es precisamente lo que me ha hecho conocer los pensamientos hacia los gustos particulares de los demás. Si bien es cierto, es posible que exista algo de similitud en la audiencia de un género, esto no quiere decir que el tipo de música defina la personalidad, conducta o escolaridad.

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