El sueño más bonito

Ya se cumplía un mes que no te veía, pero allí estabas nuevamente, aún puedo sentir la nostalgia que me invadió, sabía que no era igual. Regresamos a ese entonces, como cuando era una niña, como aquellas tardes, cuando esperaba ansiosa tu regreso a casa para emprender nuestro paseo diario, y es que para ti no existía cansancio del día que impidiera nuestra salida.

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Empezamos a caminar, ahora que lo pienso, es casi el mismo barrio, con menos autos y sin el bullicio de cada tarde. Esta vez no hubo las pausas por aquellos vecinos que repetían la misma conversación de ayer, esta vez no tuve que pellizcar o hacer muecas para que tu complicidad entendiera mi impaciencia, pero aún así el camino se hizo más largo, más largo que nunca. Escucho a lo lejos salir de las casas lo que supongo era el sonido de las noticias, veo los reflejos del televisor en las ventanas, el asfalto negro y tu mirada hacía el frente… Y llegamos, nuestro lugar favorito, ese que sí cambio, que ya no existe. Pero allí estaba, como hace tantos años, y recordando, casi puedo sentir como subimos esos tres largos escalones de piedras. Como todos los días el Sr. Salaz nos esperaba, solo que hoy no dijo nada, como siempre tras aquel mostrador verde, veo la vidriera repleta en dulces, recuerdo cada estantería, la escasez de luz, éramos los únicos en el lugar. Puedo escuchar aquel ronroneo de la nevera y su vidrio nublado. Camino detrás de ti hasta el final del pasillo, directo al viejo congelador con helados, como siempre tienes que tomar mi mano para evitar que pase a través de esa cortina de esferas que, siempre llamó mi curiosidad a descubrir que había detrás.

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El violinista y los imposibles

El fin de semana fui de paseo a un parque de la ciudad, al llegar había una multitud alrededor de un joven que estaba tocando violín, tocaba precioso, todos los presentes estaban encantados escuchando. Al terminar, muchos colocamos dinero en el case de su violín que estaba en el suelo, en recompensa a sus melodías. Luego de un rato dando vueltas, fuimos al café de un amigo que se encuentra cerca del parque para tomar algo, después de algunos minutos llego el joven violinista, él se acercó a saludar a nuestro amigo que nos hacía compañía, nos presentó y se unió a nuestra mesa. Por supuesto no pudimos aguantar la curiosidad, le preguntamos por qué tocaba violín en el parque, pues por su apariencia y el lugar donde estábamos no parecía necesitar tocar en un parque, así que nos compartió su historia.

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Casco Antiguo, Panamá. Foto: Instagram @takenbylis

Era del interior del país, de adolescente había pertenecido a una pandilla, estaban involucrados en robos y drogas, la rivalidad por las drogas tuvo consecuencias y uno de sus amigos fue asesinado, ese fue el inicio para querer abandonar aquella vida, pero cuando lo intentó los otros integrantes de aquella pandilla no se lo permitieron, lo amenazaron con acabar con su vida. Un día, en un parque había un evento donde una orquesta tocaba y quedo cautivado por el violín, al terminar el evento le pregunto a uno de los integrantes de la orquesta donde podía recibir clases para tocar violín, en ese momento él se dijo que llegaría a tocar igual que aquel que estaba en la tarima. Para su fortuna, esa persona le dio el contacto de una fundación que ofrece clases gratuitas de música a jóvenes de escasos recursos, pero para recibirlas tenía que viajar a la capital. Cuando le contó sobre su idea a la familia, todos le dieron la espalda y pensaron que era una perdida de tiempo, a como pudo comenzó a viajar para ir a recibir sus primeras clases, cada vez se le hacía más difícil conseguir el dinero para ir los fines de semana. En el bajo mundo había ganado ciertas mañas, entre esas aprendió a engañar los teléfonos públicos, colocaba anillos de lata en la ranura para monedas, de esta manera esto le facilitaba sacar el dinero de las llamadas del día. Al viajar cada fin de semana, se estaba alejando de la pandilla y los problemas se agravaron, las amenazas se hicieron más constantes, temía por su seguridad, así que decidió venir a vivir a la capital. En la fundación dio a conocer su situación y lo ayudaron para que continuara sus estudios. Cuando logro crear sus primeras melodías, acudía al parque donde lo vimos tocar para recoger dinero para cubrir algunos de sus gastos. Hoy con 33 años, ha viajado a otros países como parte de una pequeña orquesta, de la cual se siente muy orgulloso, y cada vez que puede, vuelve a ese parque a tocar, siente que allí creció y lo hace como una forma de agradecimiento, todo el dinero que recoge allí mientras toca se lo entrega a alguna persona que se tope en el camino y el sienta que lo necesita.

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