El hombre-carro…

Llego a “esta ciudad” y desde entonces le llamaron CARRO. Ese solo nombre le dio a entender que el sentido de su vida sería recorrer y recorrer caminos hasta llegar a “otra ciudad” llamada PLENITUD. Y conscientemente aceptó su VOCACIÓN.

Durante su niñez, CARRO, embriagado por la alegría y el entusiasmo, soñó que su vida toda sería una AUTOPISTA por la cual podría avanzar tranquila y placenteramente, sin tropiezos ni frenazos, teniendo como compañía el esplendor de un día interminable, la belleza del paisaje encantador y la estimulante música arrancada caprichosamente a su modero pasacintas. Así, soñando, soñando, pensó seriamente que la vida era sólo una sonrisa…

Pero CARRO, a medida que vivía fue descubriendo que la existencia era una CONGESTIONADA CARRETERA por la cual igualmente transitaban carro de todos los modelos, tamaños y colores… a velocidades muy distintas. Entonces empezó a comprender que vivir es avanzar, luchar, correr, y no solo sonreír. Sí, avanzar a pesar de todo, para llegar a la otra ciudad en compañía de muchos otros carros. Ahí reafirmó su VOCACIÓN.

Un día, en vez de la música elegida y dopadora del pasacintas, encendió la radio y en todas las emisoras escuchó noticias relacionadas con el tránsito de la ciudad: choques frecuentes entre carros, que entorpecían el avanzar; carros asesinos; carros parqueados; carros salidos de la vía; carros estrellados, muertos, por exceso de velocidad; carros detenidos por haber irrespetado las normas de tránsito; carros sin placas, sin identidad; carros parados por falta de combustible; carros grandes que quitaban la vía o se la cerraban a los más pequeños; carros por la izquierda, por la derecha; carros por el centro…

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Me dijeron que no podría…

Durante el colegio debo reconocer que no fui una de las alumnas más brillantes, a pesar que siempre traté de esforzarme. En el último año nos hacían pruebas para “recomendar” que carrera deberíamos elegir, al finalizar las mismas pasábamos por evaluación con una psicóloga encargada de dar estas recomendaciones. Desde muy pequeña siempre tuve cierta preferencia hacia las carreras relacionadas a la salud, para ese entonces no tenía una definida, pensé que aquella psicóloga me ayudaría a aclarar mi mente y me podría decidir por cuál elegir. ¡Vaya sorpresa me lleve!

A pesar de aprobar las pruebas, la psicóloga me dijo que no estudiara ninguna carrera de salud, según ella no tendría la capacidad de culminar una carrera de tal magnitud tan solo por no ser una estudiante sobresaliente, aún la recuerdo decir que si lo intentaba solo haría gastar a mis padres recursos y en definitiva sería una pérdida de tiempo. Fue como un balde de agua fría, luego de aquella entrevista me decepcione a tal grado que pensé que debía renunciar a mis aspiraciones. Afortunadamente soy bastante testaruda e ignore sus “consejos” por completo.

Tan solo fui una de sus tantas víctimas, y nos llamaré así porque sus palabras si ejercieron efecto en muchos de mis compañeros quienes sí abandonaron sus aspiraciones. Muchos de los estudiantes que según ella eran los mejores, y sí tenían la capacidad de estudiar lo que quisieran porque todo se les daba de maravilla, ni siquiera lograron terminar un carrera. Hoy en día soy Cirujana Dental, cursando un segundo máster.

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¿Necesidad o ansiedad?

Como personal de salud son muchas las situaciones con las que tenemos que lidiar día a día mientras brindamos nuestro servicio, sin importar a cual rama pertenezcas, pero sí hay una en común que sale a relucir al momento de las reuniones, es la necesidad de hablar del paciente. En otras entradas he comentado que soy cirujana dental en un centro de salud del estado y personalmente he podido constatar esta situación. De cada 10 pacientes, aproximadamente 7 querrán hablar largo y tendido.

Por momentos pensé que se trataba de una manera de manejar los nervios que le producía la atención que estaban por recibir, si bien es cierto mi área es una de las más difíciles, pues que me diga quién va al odontólogo saltando de felicidad, pero luego al notar que es algo general me pregunto por las necesidades más allá de los tratamientos por los que vienen los pacientes.

La necesidad de hablar puede ser el reflejo de otras situaciones que se pueden estar presentando en el entorno del paciente, ya que los temas de conversación en general van de conflictos familiares, la mala relación que pueda existir entre los miembros del hogar y la precaria situación económica por la que puedan estar pasando,  en el caso de mi país por el volumen de pacientes que atendemos especialidades como la nuestra tienen un período de tiempo establecido para la atención por persona, por lo que se nos hace difícil escuchar al paciente como es debido, pudiendo estar pasando por alto aspectos importantes de su calidad de vida. 

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Un Nuevo Capítulo

Estamos por terminar este año, y tenemos 365 nuevas páginas para comenzar a escribir el nuevo capítulo de nuestro libro. Aunque hay cosas que no podemos controlar, en gran parte nosotros podemos decidir el género de este capítulo.

Que en este nuevo capítulo abunden las risas, los abrazos apretados, el tiempo para compartir con quienes queremos. Trabajo que nos de felicidad, el poder de alcanzar las metas, proyectos y sueños pendientes. Tolerancia para aquellas cosas que no podemos cambiar, paciencia para esperar lo que toma tiempo en llegar, fuerza para avanzar sin importar los vendavales que se atraviesen en el camino.  

La música para celebrar los momentos más preciados y letras para seguir compartiendo e inspirando al otro lado de la pantalla.

¡Próspero 2019!

Las piedras en mi maleta

Desde que nací llevo una maleta a cuestas. Debo llevarla por siempre en el camino llamado vida. Ella iba vacía, pero fui recogiendo piedras. Por momentos sentí la maleta ligera, y pensé que se había roto y algunas piedras habían caído.

Esa situación que por momentos pensé superada, pero después de algún tiempo apareció como espina lastimándome sutilmente.

Aquello que quise hacer y mis inseguridades me lo impidieron. La carrera que me hubiera gustado estudiar. El abrazo que no di. Aquel gracias pendiente. El te odio que quisieras borrar. Las palabras que me guarde para mis padres, ex-pareja o a ese amigo. Ese amor que rechacé por aquel que no valió la pena. El te quiero que no salió por miedo.

Al parecer casi siempre son palabras.

Creo que todos llevamos esa maleta, algunas son más pesadas que otras. Me queda claro que algunas piedras podemos sacarlas de esa maleta… Pero de otras, nunca podré deshacerme. Supongo que solo me queda aligerar la carga cuando pueda, y hacer una maleta más fuerte, tal vez me toque remendarla más de una vez, será necesario para las piedras que me falten recoger en el camino.

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