Lo imposible

De todas las formas de pedirte que te quedes, a saber,

con los ojos abiertos, con un ramo fresco en la mañana,

con una frase a destiempo que te convenza de que puedes sentarte al borde de mis heridas sin miedo a hacerme daño;

es decir,

con la rodilla sobre el césped,

la súplica en el dedo,

con la noche que se termina si no respondes a mi urgencia,

con esta valentía mía que promete hacerte reina del castillo solo si te quedas,

solo si te pido que te quedes,

con esta soledad que llena de tu nombre y me dibuja cien pájaros en la espalda del color de tus ojos hierba,

de todas estas formas, amor mío,

de pedirte que te quedes conmigo

escojo el silencio

que es el único que sabe cómo pedirte

lo imposible.

Elvira Sastre

Eso de quedarse

Quisiera pedirte que te quedaras
pero eso de quedarse
lo hace uno por voluntad propia
si tengo que pedirte que te quedes
entonces ya te fuiste
si tengo que pedirte un beso
entonces no soy de tu antojo
si tengo que pedirte
no ser tan fría o que me escribas
entonces estoy rogando
que hagas un esfuerzo
por regalarme lo que no tienes
lo que no nace de lo profundo de ti
y el amor
es una consecuencia involuntaria
no algo que se va pidiendo
en conversaciones cortas
o miradas frágiles
quisiera pedirte que te quedaras
pero estoy prolongado tu resistencia
estoy conspirando con tu incomodidad
quisiera pedirte que te quedaras
pero prefiero que mis palabras
se queden conmigo
y no en la duda de tu voluntad

Quetzal Noah

Invictus

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo de polo a polo,
agradezco a los dioses que sean,
por mi alma inconquistable.

En la crisis de las circunstancias
nunca me he estremecido o lamentado en voz alta.
Bajo las palizas del asar
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el horror de la sombra,
aún así la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
Soy el amo de mi destino;
Soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley