Marzo

Definitivamente un mes para recordar, nos enseñó que por más seguros que nos lleguemos a sentir existen enemigos silenciosos que pueden cambiar todo en un segundo, nos mostró lo vulnerables que podemos ser y que, las distancias se pueden hacer cortas y las fronteras pueden desaparecer para compartir un mismo sentir. Hemos tenido que alejarnos de nuestras rutinas para crear nuevas, decir un hasta luego a seres queridos, algunos están pasando más tiempo con sus familias, más tiempo del que llegaron a compartir antes, mientras que otros están aprendiendo a  conocerse y compartir con su soledad.

A nivel personal, en un inicio fue un mes de crecimiento profesional, algo que me ha servido en este tiempo de confinamiento para mantenerme ocupada, creo que esto es lo más importante en estos momentos, en mi caso las pausas pueden despertar ansiedad, más ahora que me enviaron a casa, el mantenerme en mi puesto de trabajo había hecho que no me afectará tanto la situación actual, pero los riesgos que me rodean son mayores y pueden ser muy negativos. Pero siempre es importante hacer lo que se pueda, el lugar donde se esta es lo de menos.

El pasado intento abrir viejas heridas que pensé ya estaban cerradas, creo que solo tendré que aceptar y aprender a vivir con la cicatriz. Comprobé que es cierto aquello que dicen que, perdonar también es decir adiós. Eso sí, que bien se siente decir ese adiós y decirlo con paz, sin rencores tras el adiós, sin ese sentimiento de que algo esta incompleto y deseando lo mejor con sinceridad más que por compromiso.  

Empezamos un mes crucial, esperemos que al final hayamos visto la luz y estemos cerca de normalizar nuestras vidas, eso sí, dando todos esos abrazos pospuestos, teniendo todas esas conversaciones pendientes cara a cara y manteniendo presente las lecciones que nos deje esta crisis. Mientras tanto, queda buscar el mejor refugio para poder llevar estos días, en mi caso, charlas con quienes me acompañan, leer, escribir y la música.

¿Cuáles han sido tus refugios en estos días?

Carta al amor que no se deja soltar

Hoy me hicieron pensarte más que algunos otros días, y de manera jocosa te dedique un hilo en Twitter, luego de unas horas me golpeó la realidad y llego la nostalgia. Así que, aquí estoy, en el lugar donde encuentro mi inspiración, uno que te gustaría, dedicándote una carta más, una que espero sea la última, si lo es, significa que he logrado cerrar el capítulo, una carta que no creo que leas o tal vez sí, en tu intento de Joe Goldberg, y a decir verdad, sea cual sea, prefiero no saberlo. Supongo que esto significa que aún no termino de soltarnos, no sé si fue por las últimas palabras o por todas aquellas que no se dijeron o las verdades a medias. Hace unos días me regocijé, y me dije a mi misma, que bien se siente ver y no sentir nada. Durante todo este tiempo, he dejado de lado mis emociones y mi razón es la que decide, conocí parte de tu verdad antes que me la dijeras, lo que ha hecho más fácil aceptar la realidad, mis sentimientos están adormecidos por causas mayores, pero por momentos me invade la sensación que la historia esta incompleta, soy consciente que así debe ser, aunque dadas las circunstancias no sé si algún día le pueda dar punto final. Todo esto suena algo deprimente, pero a decir verdad en estos momentos soy una persona feliz, con momentos de tristeza, y aunque mis últimas palabras parecieron llenas de rencor, es mi manera de alejar a quienes no se quieren ir, creo que lo necesitabas, necesitabas que te cerrará la puerta de tal manera para que pudieras aceptar tu realidad y seguir adelante como bien lo has hecho. Nunca podría odiarte, ese sentimiento nunca se me ha dado con nadie, y aunque en un momento lo traté, contigo sería un imposible.

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