Mi primera cirugía

Mi primera cirugía

Inicia otro mes, y este desde el año pasado se convirtió especial para mi, siempre lo recordaré como el mes en el que me realizarón mi primera cirugía. Sé que lo primero que se imaginaran es una cirugía estética, pero no me refiero a eso, aunque no lo descarto en un futuro. La causa, una apendicitis. Les compartiré mi experiencia personal, así como lo que considero fueron mis pilares para superar el terrible temor que se apoderó de mi.

Mi experiencia

Siempre he sido una persona muy sana afortunadamente, mis padecimientos no superaban más que un resfriado ocasional en época lluviosa, agradecía que a los 28 años no había pasado por ningún padecimiento mayor. Todo comenzó con un fuerte dolor en la parte superior de mi estómago acompañado de ardor, no le di importancia, pues pensé que se trataba de una gastritis. Al pasar un par de horas, se añadió dolor en la ingle derecha lo que me dificultada el movimiento de la pierna del mismo lado, ya esa señal me hacía pensar que algo no andaba bien, así que mi madre me acompañó al médico.

Al llegar al consultorio pedimos una cita con el médico general, que ya era conocido de nosotras y de nuestra entera confianza. Por un momento pensé que se podía tratar de cólicos pues mi período se acercaba, tenía conocimiento de la apendicitis pero sencillamente me negaba a aceptar esa idea. Para desgracia mía al describirle los síntomas al doctor, lo primero que indica es la posibilidad de una apendicitis, pero debían hacer exámenes antes para confirmar, así como la evaluación por parte de un cirujano. A la evaluación del cirujano confirma nuestros temores, todos los signos y síntomas eran claramente el reflejo de una apendicitis. “Es una situación de urgencia, puede llegar a complicarse, en 30 -40 minutos máximo debemos estar en cirugía” esas fueron las palabras del doctor, de inmediato el temor se apoderó de mí, rompí en llanto.

Inmediatamente comenzaron a prepararme para la cirugía, fueron los minutos más aterradores de mi vida. Mi mayor temor era la anestesia, no sé si todos pasen por la experiencia de la misma manera, pero en ese momento piensas lo peor, piensas si despertaras de la anestesia, piensas en la posibilidad de morir en el procedimiento a pesar de ser uno de los más sencillos, todo procedimiento conlleva un riesgo. No sabía si decir algo a mi madre y mi hermana que estaban conmigo (ellas estaban igual de angustiadas que yo) por si algo salía mal. Algo que no hice porque todo fue tan rápido, que aún al entrar al salón de operaciones no terminaba de asimilar lo que me estaba pasando. Al estar acostada en esa camilla, un temblor se apoderó de mi y pensaba en si esos serían los últimos minutos de mi vida, hasta que la anestesia hizo lo suyo.

Al despertar, en realidad pensaba que aún no me habían operado, me tomo un tiempo entender que ya todo había terminado. No tenía noción alguna del tiempo que había pasado, la sensación para mi era como si no hubiese pasado ni 5 minutos, cuando en realidad había tomado 2 horas. Ya más despierta agradecía a Dios por estar con vida. Creo que parte del temor que me invadió se debió a la rapidez con la que paso todo, no es lo mismo que te preparen con días para una operación, a decirte como en mi caso que en 30 minutos te operan.

Familia

Lo que me lleno de fuerzas e hizo mi post-quirúrgico más fácil fue en gran parte por mi familia. Desde un principio mi madre como todas, siempre abnegadas y sacrificadas, no se despegó de mi lado en ningún momento, ofreciendome palabras de aliento que ella misma necesitaba. Hicieron todo lo posible en sus manos para apaciguar mi dolor.

Y en el momento en que salí de la cirugía que me llevaron al cuarto aún desorientada por la anestesia, al lograr ver los rostros borrosos de todos lo que me esperaban allí, me hizo sentir que todo estaba bien, me sentí protegida y segura. Es realmente gratificante ver como a pesar de las diferencias que puedas tener en algún momento con ellos, en situaciones difíciles como la que me paso a mi, todo queda olvidado para estar a tu lado. No importó distancia, trabajo o lo que sea que estaban haciendo… Todo lo dejaron de lado, para estar allí al momento en que salía de la operación.

Los cuidados y palabras de cada uno de ellos significaron mucho para mi, me hicieron olvidar el dolor. Me ayudo en el proceso de recuperación, pendientes que no me faltará absolutamente nada. Es realmente bonito ver como se preocupan y como te quieren, pues a veces no se expresa, pero al ver sus miradas y su preocupación, sé que no tienen que decirme nada para demostrarlo, sé que cuento con ellos cuando más lo necesite.

El personal

Muchos suelen pensar que el personal de un centro hospitalario, al lidiar con lo mismo cada día incluyendo la muerte de los pacientes los hace insensibles. No se si la experiencia que otros viven en estas circunstancias creen este pensar, pero en mi caso debo decir que me siento muy agradecida por la atención brindada por cada uno de los profesionales que estuvieron a cargo de mi atención.

Al llegar el dolor que me embargaba era realmente indescriptible, no podía ni tan siquiera subirme a una camilla, el doctor muy amablemente prácticamente me cargo para hacer de mi dolor más llevadero. Pase por las manos de muchas enfermeras y enfermeros, cada uno de los cuales me trato de manera excepcional, estuvieron pendientes de mi en cada momento. Al pasar con el cirujano, cuando me invadió el temor me daba palabras de aliento para tranquilizarme, al igual que el anestesiologo quien me hablaba mientras temblaba en aquella camilla.

Cada enfermera, auxiliar, médico e incluso personal de aseo, redujeron la carga de mi padecimiento a pesar del temor. Me sostuvieron las manos, me dieron palmaditas y palabras de aliento, hacían que mi cuarto estuviese impecable, me cargaron cuando lo necesite como si fuese una niña, y todo lo hacían sin hacerme sentir que lo estaban haciendo meramente porque es su trabajo y lo tenían que hacer, me hicieron sentir como si realmente les importaba. Esto es algo que valoraré y recordaré, algo por lo que les estaré agradecida eternamente. Ojalá todos los centros médicos capacitaran a su personal de la manera en que han capacitado a estos en cuanto a humanidad y calidad de atención para con sus pacientes.

Al final de todo, creo que siempre sentiremos temor al pasar por una cirugía, sea o no sea la primera. Pero el centro hospitalario y cada una de las personas que nos rodean harán que nuestro pesar sea menor.

¡Un poquito más de humanidad por favor!

¡Un poquito más de humanidad por favor!

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas”

Albert Einstein

Un pensamiento un poco crudo pero muy acertado a nuestra realidad, pues definitivamente la tecnología cada día nos roba aquella escencia de seres humanos. Todavía el día de hoy no puedo dejar de pensar en algo que pasó en mi querido país y creo que muchos compartirán mi opionión, aquel video que circulo por todas las redes sociales en el que se veía un hombre lanzándose de un puente, aquel hombre murió producto de la caída. No era solamente un video el que se propago, me encontraba con otras personas y nos llegaron videos desde diferentes ángulos, algunos desde una distancia muy cercana al hombre. Lo sorprendente de todo y lo que me causa tanto repudió es como aquellos que filmaban describían paso a paso lo que veían; lo juzgaban de borracho, de loco o de incapaz de tirarse, pero absolutamente nadie hizo nada para detenerlo, ni los que filmaban ni los otros que pasaban a su alrededor (que eran muchos por el tráfico pesado). No conformes con esto, propagan los videos y se imaginaran con la rapidez que paso, los videos te llegaban de varios contactos a la vez. Videos de las víctimas de la violencia, videos de aquellos que mueren a causa de un accidente de tránsito, etc. Es increíble y patético cómo se disfruta del morbo, del dolor ajeno y de la crueldad. Lo positivo no se pasa y si alguno de tus contactos lo hace muchas veces es ignorado.

Supongo que todo esto es el precio de la tecnología, nos hemos acostumbrado a convivir con la inhumanidad y nos estamos convirtiendo igual de insensibles que las máquinas que nos permiten enviar rápidamente estas imágenes. Muchos dirán que es para informar, pero definitivamente que no es la forma. Siempre antes de hacer algo debemos tener presente aquella clásica frase: “No hagas a los demás, lo que no te gustaría que te hicieran a ti” y agregaré a los tuyos. Pensemos en la familia de aquel hombre, dicen que no hay dolor más grande que perder un hijo, así que por un instante pueden imaginar lo difícil que tiene que ser para su madre ver esas imágenes de como termino la vida de su hijo, como compartieron esos videos y el dolor de ver que nadie hizo nada… O sus hijos, que asumiendo que están pequeños y no lo vieron, en algún momento revivirán el dolor porque ese video que quizá ya es internacional algún día llegará a sus manos… Pues lo que se sube a la red, perdurará por siempre allí. Y si eres de aquellos que piensa que nunca estarás en su lugar, porque tu familia es perfecta y nadie es capaz de hacer algo así, recuerda que somos humanos y a veces flaqueamos, hay momentos en los que pasan cosas que cambian nuestra vida y no sabes cómo reaccionaras, no te gustaría que el del video sea tu familiar.

La tecnología ya es parte de nuestra vida, definitivamente es necesaria para todos, pero usémosla de manera responsable, compartamos lo bueno y paremos la insensibilidad hacia el dolor ajeno, contribuyamos de manera que si te llega un video así, no lo pases y rompe la cadena. Ayudemos a quién pasa por aquel momento de debilidad, piensa en cómo te sentirías si en vez de ser aquel que tomo el video de cómo se quitó su vida, fui aquel que lo convenció de no hacerlo y le salvo la vida. Aclamemos a ¡un poquito más de humanidad por favor!