Aprendiendo

No es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita.

San Agustín

Estos últimos meses he tenido la oportunidad de participar en un Programa Escolar que forma parte del sistema de salud público de mi país, el mismo esta integrado por diferentes áreas: médicos, tecnólogos médicos, enfermeras, trabajadores social, odontólogos, entre otras. Va enfocado sobre todo a escuelas que se encuentran en áreas de difícil acceso, es esto precisamente lo que lo ha hecho especial para mí, pues como odontóloga debo ir a esas escuelas junto con personal de enfermería a brindar atención a los estudiantes.

Son comunidades muy alejadas, el tiempo aproximado de llegada es de dos horas mínimo, con caminos de tierra, sin señal de móvil, algunos sin luz o sin agua, con transporte escaso. Esta última es la razón por la que acudimos, aunado a la falta de transporte, muchos viven aún más alejados de la escuela, a algunos les toma una hora o más a pie para llegar. Entre mis funciones están: dar charlas sobre técnicas de higiene oral, hacer limpiezas y entregar algunos suplementos de higiene bucal. Pero el enfoque de esta entrada no es nuestro trabajo, si no los aprendizajes que obtenemos de quiénes menos tienen.

Fotografía: Instagram @takenbylis

Por supuesto, no todo es color de rosa. Muchos de aquellos niños nunca han recibido atención por parte de un odontólogo, por lo tanto, al momento de empezar a atenderlos es muy difícil por el temor que sienten, nos corresponde buscar la manera de ganarnos su confianza lo más rápido posible. A la hora de partida, luego de las actividades, no te quieren dejar ir y de hecho, tú no te quieres ir. La nobleza de aquellos pequeños te invade, son los niños más inocentes, amables y honestos con los que he tenido la oportunidad de trabajar. A pesar de sus carestías que son infinitas, siempre tienen una sonrisa para aquel que llega de afuera, siempre dispuestos a ayudarte a cargar los implementos que llevas, a hacer del espacio que te brindan lo más cómodo posible para facilitarte el trabajo y a regalarte un poquito de lo que la naturaleza les da para que tú lleves a tu hogar.

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La vida después

La vida después

Hace ya un año de mi cirugía, para quienes son nuevos en mi blog les comento que fue una cirugía de apendicitis, como muchos sabrán esta es considerada una “cirugía menor”, lo que a mi opinión particular, es falso, no creo que exista tal cosa como cirugía menor, pues todas conllevan un riesgo. Algunos días atrás un amigo me pregunto cómo me sentía después de la cirugía, en ese momento mi respuesta se centró en lo físico. En general mi respuesta fue que me sentía bastante bien y que en alguno que otro momento cuando hacía mucho esfuerzo físico tenía una leve molestia. A algunos esto les parece raro por aquello de la “cirugía menor”, en la mayoría de los casos a los dos meses los que son operados de esto ya se encuentran bastante bien, pero recordemos que todos los cuerpos no son iguales y en mi caso, presente otras complicaciones que no la hicieron tan “menor”. Ahora bien, pensando en la pregunta de mi amigo, si lo pienso mejor, puedo decir que luego de la cirugía estoy bien, pero de una manera que va más allá de lo físico, pasar por esa experiencia me cambió.

Como mencione antes, mi cirugía no fue tan sencilla y la verdad sentí mucho temor, en los días que estuve internada en el hospital, vi como otras personas perdían sus seres queridos, algunos de ellos muy jóvenes, personas que no tuvieron la oportunidad de vivir mucho. Por mi carrera he estado bastante familiarizada con la muerte en pacientes, creo que cuando lo haces como trabajo te acostumbras de cierta manera a lidiar con ello, pero esta vez fue diferente porque fui testigo del sufrimiento de su mismo lado, sentí el temor que experimentan, esto definitivamente cambio mi perspectiva de vida. Me hizo percatarme que tenía que vivir más, me di cuenta que no estaba viviendo mi vida plenamente, más que vivir para mí, vivía para complacer a los demás y ser el modelo perfecto pero mi familia, finalmente entiendo que puedo ser ese modelo que los enorgullece viviendo a mi manera.

Cuando pasas por situaciones de temor y que te acercan a la muerte, empiezas a valorar a quienes tienes a tu alrededor, porque en ese momento te rodearan quienes realmente le importas. Luego de esto, decidí hacer las cosas que realmente me gustan, he hecho aquellas que por temor no hacía, porque no tienes que tirarte de un paracaídas o correr un auto a 200 km/h para estar en peligro.

Un consejo que podría dar es que vivan la vida al máximo, aprovechen cada segundo y disfruten de los más pequeños detalles. Vivan el amor sin miedo y si fracasaste en un intento, pues vívelo de nuevo porque tienes intentos infinitos hasta encontrar el indicado. Comparte y valora el tiempo con aquellas personas que quieres, ríe con ellas, abrázalas e incluso llora con ellas, pues si alguno llega a faltar, esos son los recuerdos que quedarán. Práctica el deporte que siempre has querido, viaja, canta, baila. No esperes pasar por una situación que te haga cambiar, no todos corren con la suerte de salir de ella. Comienza a vivir desde hoy, vive, porque de eso se trata este viaje llamado vida.