Kintsugi, belleza tras cicatrices

En Japón, cuando una pieza de porcelana o cerámica se rompe, las fracturas se rellenan con oro… Los ceramistas ven las reparaciones como algo hermoso… Ellos saben que cosas inesperadas pasan. Cambios pueden ocurrir. Ellos saben que nadie en este mundo puede sobrevivir en una pieza. Esto no es necesariamente un mal… Las fracturas siempre serán parte de nuestro pasado. Siempre estarán con nosotros. Nos hacen mejor. Nos hacen más fuertes. Nos convierten en algo nuevo.

Grey’s Anatomy

 

Kintsugi
Imagen de Pinterest

Kintsugi o kintsukuroi, es el arte japonés que da segunda vida a aquellos jarrones o piezas de vajillas que se fracturan. En esta técnica se utiliza polvo de oro, plata o platino con barniz de resina para unir las piezas rotas y a la vez para enaltecer las fracturas.

Los japoneses consideran que no deberíamos tirar los objetos rotos, pues estos al romperse hacen cada pieza más valiosa ya que se convierte en única dado el patrón de las fracturas.

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Cicatrices

Hace algunas semanas cambie mi foto de perfil en una de mis redes sociales, en la misma se notaba una pequeña cicatriz que tengo justo debajo de mi labio inferior, a las horas, una amiga social (llamada así, al no compartir una amistad real más allá de las redes y uno que otro encuentro esporádico por amigos en común) me da como opinión: “creo que deberías cambiar tu foto de perfil, se ve tu cicatriz y no es muy estético.” Aún no logró si definirme como una persona de abundante tolerancia y paciencia o una persona indiferente, pues evadi el comentario en el momento y no le di mayor importancia. Pero a las horas pegó el golpe, me invadió la inseguridad y la duda, a lo mejor tenía razón y debía cambiarla, lo pensé y lo pensé, hasta que decidí no hacerlo.

La razones por la que no lo hice: primero, porque mi madre siempre me enseñó a no dejar que los comentario negativos de los demás me afectará. Y la segunda, la descubrí en el momento que miraba frente a un espejo mi cicatriz, mientras meditaba si debía cambiarla o no, me refiero al recuerdo que me vino de cuando me hice esa cicatriz.

Era una niña cuando me pasó, por supuesto que dolió y mucho, me tuvieron que llevar al hospital, mi mamá casi desmayandose por el sangrado que no dejaba ver que tan profunda era. Pero lo primero que recuerdo no es esto, si no que en el momento que ocurrió estaba jugando con mi hermano; recuerdo el juego, las risas que sacaban lágrimas, era un momento de felicidad indescriptible. Y al tener este recuerdo se vienen a mi mente otros recuerdos felices como el que viví ese día, que a pesar de verse opacado por una pequeña tragedia, sigue reinando la felicidad del momento antes. Es por eso que con orgullo decidí dejar la foto y nunca más sentire pizca de vergüenza por mi cicatriz y ya tengo la respuesta para cuando alguien nuevamente se atreva a criticarla.

Si en algún momento decido deshacerme de ella, será porque yo lo quiero así, no por presión o por correr el gusto a otro. Ahora, no creo que debamos avergonzarnos de nuestras cicatrices, cada una de ella cuenta una historia y estoy segura que muchos de ustedes al igual que yo tendrán una cicatriz que le traerá un grato recuerdo: cuando aprendieron a manejar bicicleta, cuando sintieron adrenalina de un deporte extremo y porque no, cuando dieron vida mediante una cesárea.

Si bien es cierto no todas las cicatrices tienen una historia como la mía y traen recuerdos negativos, mientras tú decidas que esa cicatriz te acompañé, en vez de recordar lo negativo piensa en que es la señal física de que atravesaste una situación difícil y lograste salir adelante.

¡Salud! por las cicatrices y los recuerdos tras de ellas.