Transmitido o propio

Este fin de semana, mientras la pasaba con amigos en casa, el vecino decidió poner su radio a todo volumen, en el playlist: Camilo Sesto, Roberto Carlos, José José y otros contemporáneos. Me han cuestionado al verme cantando El corazón es un gitano, canción desconocida por mis amigos, quienes no se podían crear que me conociera el playlist del vecino, y sobre todo, que me hiciera sentir tan a gusto. Hemos iniciado un debate sobre el por qué yo me conozco esas canciones, lo atribuían a un gusto adquirido por mis padres. En parte, es cierto, en mi casa siempre se ha escuchado mucha música, en especial mi madre, los cantantes mencionados son de sus favoritos. Por otra parte, es gusto adquirido propio, no tengo recuerdos de escuchar música de Nicola Di Bari en mi entorno familiar, esa me la tope mientras descubría a Govi, hace muchos años. Mi madre al igual que mis amigos se asombra por mi gusto musical, cuando me ha pillado escuchando a Dean Martin y Frank Sinatra. Ahora, cuando le he contado sobre nuestro debate, le he puesto El corazón es un gitano, con alegría me ha dicho: “Esa canción la escuchaba a menudo cuando estaba embarazada”. Al igual que yo, no recordaba escucharla en casa, a lo que atribuye mi gusto a que las escuchaba cuando estaba en su vientre, desconozco si será posible la verdad, prometo investigar y les cuento.

Como les he mencionado, soy de casi todo tipo de géneros musicales. Supongo que la influencia de las distintas generaciones en mi casa tiene algo que ver, soy la menor, y mis hermanos me llevan bastantes años, el que menos me lleva son once, así que tal vez tomé un poco de cada una de sus generaciones para mi. He sido la que mejor se adaptaba cuando alguno ponía sus canciones favoritas, sobre todo a las tandas ochenteras de mi hermana en domingo de limpieza, y que ahora me sirven para las fiestas temáticas retro del trabajo. Ya sea transmitido o adquirido el gusto, es algo que disfruto, mis amigos en general son bastante limitados, solo escuchan la música de hoy en día, no es que yo no la escuche, pero creo que se pierden del poder escuchar grandes canciones, con significados profundos que hacen falta en estos tiempos. Como dice mi madre, tal vez soy de alma vieja.

Efectos de la música

Para muchos la música siempre es nuestra mejor compañía: en el tráfico, al hacer ejercicio, incluso para trabajar o estudiar. Dependiendo de nuestro estado de ánimo, así mismo serán las canciones que elegimos. En las celebraciones la música es uno de los elementos más importantes, usamos melodías alegres y rítmicas para amenizar el ambiente. Cuando estamos tristes o enojados también solemos recurrir a la música, pero en estos momentos nos decidimos por canciones con letras tristes o con tiempos más lentos. Esto suele ayudarnos con esos sentimientos negativos que tenemos en ese momento y nuestro estado de ánimo empieza a estabilizarse.

Existen diversos estudios y libros acerca de los efectos de la música sobre el cerebro, incluso, gracias a estos estudios la música se utiliza como terapia para enfermedades como el Alzheimer y el autismo, si bien es cierto no representa una cura, suele mejorar el estado de aquellos pacientes.

¿Pero qué es lo que nos hace sentir tan bien cuando nos adentramos en el mundo de la música? La Universidad de Florida público una infografía sobre la psicología de la música (En inglés). En esta infografía como en múltiple literatura, nos dice que al escuchar música son estimulados receptores en casi todas las áreas del cerebro, algo muy difícil de alcanzar al realizar otras actividades. El ritmo actúa sobre las cortezas frontal izquierda y parietal izquierda (integración visual, auditiva y somatosensorial con fin de guiar el comportamiento); el tono sobre la corteza prefrontal, cerebelo y lóbulo temporal (procesamiento y control socioemocional); la letra, actúa sobre las áreas de Broca y Wernicke (lenguaje). A pesar de mencionar estas partes y sus funciones de manera superficial, es suficiente para ver el maravilloso efecto que tiene la música de manera generalizada en diferentes partes del cerebro.

La estimulación de esos receptores en estas áreas del cerebro causa efectos positivos en nuestro cuerpo como reducir la ansiedad y el estrés, proporcionándonos un estado de relajación e incluso felicidad. Puede ser por todo esto que de manera inconsciente al sentir estos signos negativos buscamos de música, tal vez nuestro cuerpo pide aquella medicina que lo hace relajar. La música es terapia, es un refugio que está al alcance de casi todos, esta presente en casi todos los momentos de nuestra vida. Personalmente, soy de las que se encierra en la música en momentos de agobio, al pasar un par de horas, estoy como nueva. Y ustedes, ¿Comparten estas sensaciones con la música?

Lo que escucho no me define

Lo que escucho no me define

Con el paso de los años se ha hecho normal encasillar ciertas características conductuales a algunos géneros musicales, y a decir verdad, casi nunca los aspectos relacionados serán positivos; si escuchas rock, eres un satánico, aunque si se hace acompañar de vestimenta negra, eres un depresivo; si lo tuyo es la música urbana, eres un delincuente; si eliges la música electrónica, te drogas; ni la balada te hará salvar, porque seguramente eres un aburrido; y así, muchas más denominaciones se han dado.  

Al tener un gusto musical diverso, he ganados amistades en los diferentes ámbitos musicales, esto es precisamente lo que me ha hecho conocer los pensamientos hacia los gustos particulares de los demás. Si bien es cierto, es posible que exista algo de similitud en la audiencia de un género, esto no quiere decir que el tipo de música defina la personalidad, conducta o escolaridad.

Personalmente nunca he podido responder cuando me preguntan cuál género de música es mi favorito, como he mencionado varias veces, disfruto de CASI cualquier tipo de música; las canciones que bien podrían ser poemas de Sabina; la música urbana de Yatra y Piso 21; las baladas de Alborán, Alejandro Sanz y Vanesa Martin; he bailado con Alesso y Diplo; he cantado a todo pulmón las canciones de Vetusta Morla y Linkin Park, como las canciones de Andrea Bocelli, Camilo Sesto, etc… Esto es solo un pequeño ejemplo de la diversidad en mi gusto musical, porque cada pieza la he disfrutado en ese preciso instante que decidí escucharla. Para mí los diferentes géneros musicales son combustible o extintor para diversos sentimientos o estados de ánimo en un determinado momento.

Lo único que no puedo compartir es cualquier canción que denigre, así como que inste a la violencia. Pero aun así respeto los gustos de cada persona, somos seres libres y cada quien decide que escuchar, sin necesidad de ser juzgado o encasillado.

Descubriendo mi gusto por la música

Alguien me pregunto cómo empezó mi gusto por la música, pues a decir verdad es que este nació desde muy pequeña, mi madre me compraba los cassettes con las canciones de los cuentos más populares de Disney. Pero recordando acontecimientos, debo reconocer que mi gusto por la música en realidad empezó en 1997, cuando tenía nueve años. Mi hermana tenía un novio propietario de una tienda de discos, por ende mi hermana tenía una gran colección de CD’s, los que yo tenía prohibido tocar. En algún momento ella rompió con su novio y él le envió un regalo, se negaba a abrirlo, pero decidió complacer mi insistencia… Eran dos discos, tal como estaban, los depositó en la basura.

Dicen que la curiosidad mató al gato, en este caso, hizo desarrollar una maravillosa pasión. La imagen de los discos en la basura me perturbaba, gracias a la suerte que estaba de mi lado y mi hermana que no daba uso a su bote de basura, permanecieron allí durante días, hasta que decidí esperar que mi hermana se fuera al trabajo y los rescaté. Los mantuve escondidos por varios días más, hasta que saque el valor para completar mi travesura.

El primero, Welenga de Wes Madiko, un cantante camerunés, por supuesto no entendía una sola palabra de lo que cantaba, pero los sonidos para mí eran preciosos. El segundo, Más de Alejandro Sanz, en la lista de canciones tenía en un círculo rojo “Corazón partío”, claro que aquel momento no entendía la indirecta que mandaba el novio a mi hermana, de hecho no podía dar sentido a ninguna de las canciones, me fui por los nombres, así que “La margarita dijo no” y “Un charquito de estrellas” me parecieron las más atractivas. La curiosidad también le pegó a mi madre que, se preguntaba que hacía yo tanto tiempo en el cuarto de mi hermana y me pilló, termine con el disco de Alejandro Sanz decomisado, porque sus canciones “no eran aptas para mí” supongo, por lo menos mi hermana le dio una segunda oportunidad.

El disco de Wes fue mi acompañante durante los años siguiente, de hecho aun lo tengo conmigo, sigo sin entender una sola palabra, pero me sigue dando esa sensación tan especial, aunado a la cantidad de recuerdos que me trae. Más adelante terminaría por descubrir el trabajo de Alejandro Sanz, quien terminó convirtiéndose en uno de mis cantantes favoritos hasta hoy día. De adolescente empecé a construir mi propia colección de discos, a descubrir y a convertir a la música en mi mejor aliada. 

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