El hombre-carro…

Llego a “esta ciudad” y desde entonces le llamaron CARRO. Ese solo nombre le dio a entender que el sentido de su vida sería recorrer y recorrer caminos hasta llegar a “otra ciudad” llamada PLENITUD. Y conscientemente aceptó su VOCACIÓN.

Durante su niñez, CARRO, embriagado por la alegría y el entusiasmo, soñó que su vida toda sería una AUTOPISTA por la cual podría avanzar tranquila y placenteramente, sin tropiezos ni frenazos, teniendo como compañía el esplendor de un día interminable, la belleza del paisaje encantador y la estimulante música arrancada caprichosamente a su modero pasacintas. Así, soñando, soñando, pensó seriamente que la vida era sólo una sonrisa…

Pero CARRO, a medida que vivía fue descubriendo que la existencia era una CONGESTIONADA CARRETERA por la cual igualmente transitaban carro de todos los modelos, tamaños y colores… a velocidades muy distintas. Entonces empezó a comprender que vivir es avanzar, luchar, correr, y no solo sonreír. Sí, avanzar a pesar de todo, para llegar a la otra ciudad en compañía de muchos otros carros. Ahí reafirmó su VOCACIÓN.

Un día, en vez de la música elegida y dopadora del pasacintas, encendió la radio y en todas las emisoras escuchó noticias relacionadas con el tránsito de la ciudad: choques frecuentes entre carros, que entorpecían el avanzar; carros asesinos; carros parqueados; carros salidos de la vía; carros estrellados, muertos, por exceso de velocidad; carros detenidos por haber irrespetado las normas de tránsito; carros sin placas, sin identidad; carros parados por falta de combustible; carros grandes que quitaban la vía o se la cerraban a los más pequeños; carros por la izquierda, por la derecha; carros por el centro…

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Invictus

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo de polo a polo,
agradezco a los dioses que sean,
por mi alma inconquistable.

En la crisis de las circunstancias
nunca me he estremecido o lamentado en voz alta.
Bajo las palizas del asar
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el horror de la sombra,
aún así la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
Soy el amo de mi destino;
Soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley

 

 

Carta a un amigo, por William Shakespeare

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Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse y que compañía no siempre significa seguridad.

Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas…comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vació.

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado.

Aprenderás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitaras perdonarlas… Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma… Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida.

Aprenderás que la nuevas amistades continuan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes en la vida, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que uno elige.

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Cada uno a su tiempo…

Creo que muchos nos hemos topado en algún momento con este mensaje, originalmente lo leí del Blog de Camilo Acosta, hoy me ha llegado una versión modificada. Me sigue pareciendo genial, creo que muchos nos sentimos identificados, pues quién no se ha sentido perdido alguna vez y estas palabras sí que dan ánimo.

“No pasa nada, así es la vida. Alguien se graduó a los 22 pero consiguió trabajo a los 27, alguien ya tenía un postrado a los 25 pero murió a los 50. Mientras que otro se graduó a los 50 y vivió hasta los 90. Hay alguien que está todavía soltero, mientras que otro que estudió la secundaria con él ya es abuelo. Hay quienes tienen pareja y aman a otra, hay quienes se aman y no son nada. Obama se retiró a los 55 y Trump empezó a los 70.

Todos en este mundo viven de acuerdo a su propio tiempo. Las personas que te rodean pueden parecer ir delante de ti, y algunos parecen ir detrás de ti, pero todos están corriendo su propia carrera en su propio tiempo. No los envidies, están en su vida y tú estás en la tuya. Así que, relájate. No has llegado tarde. No has llegado temprano. Estas justo a tiempo, ni adelantado, ni atrasado. Solo estás, así que VIVE, baila al ritmo de la vida, no te pierdas esa melodía que es la tuya”.


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La paradoja del silencio

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Imagen: Pixabay

Es una paradoja encontrar tanto ruido interno
cuando lo que queremos es sentarnos en silencio.
Es una paradoja que experimentar dolor suavice el dolor.
Es una paradoja que permanecer inmóviles nos pueda llevar tan profundamente en la vida y en el ser.

A nuestra mente no le gustan las paradojas. Nosotros queremos tener las cosas claras para mantener nuestra ilusión de seguridad.
La certeza produce una satisfacción tremenda.
Sin embargo, cada uno de nosotros tenemos un nivel más profundo del ser, que ama las paradojas.
Que sabe que el verano ya está creciendo como la semilla en el seno del invierno.
Sabe que, en el momento en que nacemos, empezamos a morir.
Sabe que toda vida resplandece en las sombras de un devenir, que sombra y luz van siempre juntas.
Lo indivisible fundido en lo visible.

Cuando nos sentamos en quietud, estamos profundamente activos.
Al guardar silencio, podemos escuchar el rugido de la existencia.
En nuestro deseo de ser el yo que somos, nos convertimos en uno con todas las cosas.

Extracto del libro Sharing Silence: Meditation Practice and Mindful Living
Autor: Gunilla Norris.

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La gente que me gusta…

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto. Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada. Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera. Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata. Me gusta la gente de criterio, al que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. Le gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

La gente que lucha contra las adversidades. Me gusta la gente que busca soluciones. Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen. Me gusta la gente que tiene personalidad. Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como esa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.

Mario Benedetti