En el cuarto domingo de confinamiento

Hoy fue un día particular, ha sido el primer día de cuarentena total, absolutamente nadie podía salir, a comparación del resto de la semana donde se aplica cuarentena un poco más “flexible”. Ha sido muy fuerte ver las imágenes en las noticias de las calles solitarias, un domingo… Si hay algo que caracteriza Panamá es el bullicio en cada esquina, en los barrios populares el grito del vecino, en las calles un conductor discutiendo con un taxista. Pero hoy fue completamente diferente, incluso es como si los animales supieran lo que sucede, ni ellos se observan en las fotos de la ciudad, ni un gato, ni un perro, ni un pájaro.

Por otro lado, mi madre hoy nos ha llamado a todos a la sala, el motivo, rezar un rosario. Lo increíble de todo ha sido que a pesar de nuestras diferentes personalidades y particular forma de creencia de cada uno, todos han buscado sin peros o excusas un espacio para sentarse y han acatado la petición de mamá. Cada uno en silencio, escuchando atentamente las oraciones, haciendo las pertinentes repeticiones, al finalizar ha sido extraño, el silencio continuaba, nadie se ha levantado, uno que otro rostro demuestran preocupación. Mamá rompe el silencio, con un tema totalmente ajeno a la situación y hemos charlado unos minutos, la tensión se fue desvaneciendo, hasta que todo se normalizó.

¿Qué me queda del día de hoy? Que vivimos de forma casi automática, nos tienen que pegar golpes como este para tocar fondo y apreciar lo que nos rodea.

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Marzo

Definitivamente un mes para recordar, nos enseñó que por más seguros que nos lleguemos a sentir existen enemigos silenciosos que pueden cambiar todo en un segundo, nos mostró lo vulnerables que podemos ser y que, las distancias se pueden hacer cortas y las fronteras pueden desaparecer para compartir un mismo sentir. Hemos tenido que alejarnos de nuestras rutinas para crear nuevas, decir un hasta luego a seres queridos, algunos están pasando más tiempo con sus familias, más tiempo del que llegaron a compartir antes, mientras que otros están aprendiendo a  conocerse y compartir con su soledad.

A nivel personal, en un inicio fue un mes de crecimiento profesional, algo que me ha servido en este tiempo de confinamiento para mantenerme ocupada, creo que esto es lo más importante en estos momentos, en mi caso las pausas pueden despertar ansiedad, más ahora que me enviaron a casa, el mantenerme en mi puesto de trabajo había hecho que no me afectará tanto la situación actual, pero los riesgos que me rodean son mayores y pueden ser muy negativos. Pero siempre es importante hacer lo que se pueda, el lugar donde se esta es lo de menos.

El pasado intento abrir viejas heridas que pensé ya estaban cerradas, creo que solo tendré que aceptar y aprender a vivir con la cicatriz. Comprobé que es cierto aquello que dicen que, perdonar también es decir adiós. Eso sí, que bien se siente decir ese adiós y decirlo con paz, sin rencores tras el adiós, sin ese sentimiento de que algo esta incompleto y deseando lo mejor con sinceridad más que por compromiso.  

Empezamos un mes crucial, esperemos que al final hayamos visto la luz y estemos cerca de normalizar nuestras vidas, eso sí, dando todos esos abrazos pospuestos, teniendo todas esas conversaciones pendientes cara a cara y manteniendo presente las lecciones que nos deje esta crisis. Mientras tanto, queda buscar el mejor refugio para poder llevar estos días, en mi caso, charlas con quienes me acompañan, leer, escribir y la música.

¿Cuáles han sido tus refugios en estos días?

Tu iniciativa.
Las miradas a distancia.
Los silencios que hablan.
Tus abrazos.
Las llamadas de madrugada.
Que me sostengas de la mano.
Las sonrisas de complicidad.
El karaoke en el auto.
Los secretos que guardamos.
Que aparezcas de sorpresa.
El “te acompaño hasta que termines”.
Las copas de vino.
Los debates nocturnos.
Tu mirada que irrumpe mi concentración.
Tú…

En tiempo de crisis

El mundo siempre esta en crisis, estas casi siempre han afectado solo una región o país, lo que hace que el resto del mundo se vuelca en compasión hacia ese país afectado, esta vez es diferente, esta vez la crisis es de todos, la compasión es de todos, la crisis es compartida.

Lo peor de las crisis es que pueden sacar nuestra peor cara, durante los primeros días pudimos ver imágenes que transmitían pánico, egoísmo y todos esos malos sentimientos que nos hacen olvidar la empatía y raciocinio. Afortunadamente, ya poco a poco se han ido calmando las aguas y estamos empezando a solidarizarnos. Sí, por supuesto que es difícil estar confinado a casa, es dura la distancia de nuestros seres queridos, es duro no poder recorrer las calles que solemos recorrer, los paseos de fin de semana, las reuniones con amigos y mil cosas más, pero pensemos que si lo hacemos, más rápido podemos salir de esta y volver a nuestra vida regular.

Afortunadamente, en días como estos, la tecnología que muchas veces nos hace mal, en esta ocasión es nuestra mejor aliada, nos hace llevaderos los días, es un medio para hacer nuestra estancia en casa amena. Se imaginan una cuarentena hace unos años atrás, sin redes sociales, sin Netflix, sin Spotify. También con esto no digo que debamos pasar las 24 horas pegados a una pantalla, hay muchas otras actividades que podemos hacer, así como compartir con los nuestros. 

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En estos días…

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
Sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías, sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
y nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:
Y Tú puedes aportar un verso.
No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños puedes ser libre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio del alma.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”, dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
No traiciones tus creencias, porque no podemos remar en contra de nosotros mismos:
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron,
de nuestros «Poetas Muertos»,
te ayudarán a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los «Poetas Vivos».
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman

Febrero 2020

A pesar que los días faltantes del mes son pocos, eso nos hace mentalizarnos que el transcurrir del mes pasa rápidamente, bueno, así lo siento yo. Incluso con esa rapidez, mi febrero estuvo cargado de mucha actividad, muchos sí, aceptación, sorpresas y encuentros.

Me dediqué mucho tiempo a mí misma, era algo que necesitaba, para procesar, apartar miedos y aceptar. Me decidí a retomar mis estudios, una nueva maestría, esta era una decisión que estaba tomada pero aplazada por situaciones que a veces nos absorben nuestra energía y nuestra paz. Me fui a descubrir algunos lugares, de la mejor forma, de aquella en la que descubres cada rincón, su gente, sin medidas de tiempo y sin itinerarios. En ese tiempo a mí misma, me aleje algunos días de redes sociales, tampoco pude publicar mucho por acá, pero eso sí, de todo lo vivido, vengo con nuevas ideas e historias que compartirles.  

Logré finalmente soltar, situaciones y sobre todo a ciertas personas, a otras me toco darles un alto, dándoles la verdad para que avanzaran y me dejaran avanzar, con ello saqué un par de piedras de mi maleta, ahora me siento más liviana, encontré la paz que perdí desde hace meses, eso también me llevo a sacar el coraje para lograr tomar decisiones, para decir sí, para abrir puertas a personas.

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Nuestras cámaras

Dicen que los mejores momentos quedan grabados en nuestras memorias no en una cámara, pero también es cierto que a veces son esas fotografías guardadas en nuestras cámaras que nos sacan una sonrisa y nos hacen recordar. Hace una semanas retome mi relación con mi cámara, luego de un abandono de meses.

Les ha pasado que son buenos en algo, pero hay alguien a su lado que les gusta lo mismo, no es tan bueno y para no hacerlos sentir mal prefieren dejar de hacer eso que les gusta. Sí, esta mal, en un error eso hice yo, y aunque nunca dejé de tomar fotos con mi celular, si hice de lado la cámara, algo que ahora lamento haber hecho ya que al retomarlo nuevamente solo me hizo corroborar que es algo que realmente disfruto. Considerando que se acercan grandes acontecimientos decidí que ya era hora de darle fin a la separación. Fue allí cuando desempolve uno que otro recuerdo.

En nuestras cámaras quedan momentos que de momento están adormecidos en nuestras memorias; rostros, algunos que ya no siguen con nosotros por distintas circunstancias; lugares, donde compartimos, reímos o lloramos. A veces decidimos borrar las pruebas de esos momentos, personas o lugares, creemos que así se esfumarán de nuestras vidas. Prefiero dejar esas fotos allí guardadas, en ese instante capté la mejor versión de aquellas personas cuando estuvieron a mi lado o lugares donde fui feliz, sin importar cual haya sido el final de cada historia, en su momento hicieron parte de mi historia una feliz. Las cámaras son testigos de esas historias, de nuestras aventuras pasada y las que está por empezar, de los amores que están y los que se han ido, nuestros seres queridos y de nuestros propios cambios, crecimientos y desaciertos.

Las palabras…

Las palabras son pequeñas palancas,
pero no hemos encontrado todavía su punto de apoyo.

Las apoyamos unas en otras
y el edificio cede.
Las apoyamos en el rostro del pensamiento
y las devora su máscara.
Las apoyamos en el río del amor
y se van con el río.

Y seguimos buscando su suma
en una sola palanca,
pero sin saber qué queremos levantar,
si la vida o la muerte,
si el hecho mismo de hablar
o el círculo cerrado de ser hombres.

Roberto Juarroz 

Querer bien

Aquello de querer mal y a medias no se me da. No sé si es cuestión de crianza, me enseñaron a querer bien. Soy de querer más y sufrir menos. Si te quiero, te lo digo, y puedes estar seguro que es sincero, aunque muchos no me lo creen, pero vamos, que no puedo obligar a que me crean. Algo más que no se me da nada bien, es mentir, así que también si no te quiero, te lo hago saber. Pero es que duele menos una verdad tajante, que una mentira de a largas.

Confío fácilmente, tal vez ese es el problema… ¿Será que quiero fácil? Esa pregunta últimamente me llega constantemente, es que todo esto me ha llevado a que me rompan el corazón más de una vez, y cada vez duele más y las consecuencias peores. Soy muy positiva, me gusta ver la luz de las personas, aunque estén inmersos en la oscuridad… Uno nunca sabe a quién puede estar salvando. ¿Si me arrepiento? Pues, no. Definitivamente, el sufrimiento por algunos no ha valido la pena, pero se siente bien querer bien, y si de algo estoy segura es que voy dejando huellas por allí, de esas que la marea no se lleva.

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