Carta al amor que no se deja soltar

Hoy me hicieron pensarte más que algunos otros días, y de manera jocosa te dedique un hilo en Twitter, luego de unas horas me golpeó la realidad y llego la nostalgia. Así que, aquí estoy, en el lugar donde encuentro mi inspiración, uno que te gustaría, dedicándote una carta más, una que espero sea la última, si lo es, significa que he logrado cerrar el capítulo, una carta que no creo que leas o tal vez sí, en tu intento de Joe Goldberg, y a decir verdad, sea cual sea, prefiero no saberlo. Supongo que esto significa que aún no termino de soltarnos, no sé si fue por las últimas palabras o por todas aquellas que no se dijeron o las verdades a medias. Hace unos días me regocijé, y me dije a mi misma, que bien se siente ver y no sentir nada. Durante todo este tiempo, he dejado de lado mis emociones y mi razón es la que decide, conocí parte de tu verdad antes que me la dijeras, lo que ha hecho más fácil aceptar la realidad, mis sentimientos están adormecidos por causas mayores, pero por momentos me invade la sensación que la historia esta incompleta, soy consciente que así debe ser, aunque dadas las circunstancias no sé si algún día le pueda dar punto final. Todo esto suena algo deprimente, pero a decir verdad en estos momentos soy una persona feliz, con momentos de tristeza, y aunque mis últimas palabras parecieron llenas de rencor, es mi manera de alejar a quienes no se quieren ir, creo que lo necesitabas, necesitabas que te cerrará la puerta de tal manera para que pudieras aceptar tu realidad y seguir adelante como bien lo has hecho. Nunca podría odiarte, ese sentimiento nunca se me ha dado con nadie, y aunque en un momento lo traté, contigo sería un imposible.

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A un amor fugaz

Hoy amanecí con las fuerzas suficientes para decirte adiós, me fui en silencio antes que el caos tocará a mi puerta. ¿Qué cambió? Pues, pedí una señal. Una que me comprobara lo que ya sabía, lo que me negaba a aceptar desde hace tanto tiempo. Justo en ese momento como un golpe en seco estaban esas dos señales, y sin pensarlo, empece a sacarte de mi vida. Decidí irme sin rencores, con los mejores recuerdos, con un regalo maravilloso que me diste. Tal vez algún día te pueda decir lo que nunca me dejaste decir, tal vez algún día nos encontremos en alguna calle y no habrá necesidad de decir palabra alguna o tal vez, nunca volvamos a saber el uno del otro.

Increíblemente me siento en paz, la misma que había perdido hace semanas, cuando tenía que fingir que creía tus mentiras, con la falsa esperanza en que todo podría cambiar. Es que a esta edad me han dicho todas las posibles mentiras que puedan existir, las señales siempre estuvieron ahí, solo que decidí ignorarlas.

Todo fue fugaz, llegaste cuando no te buscaba, de la manera y en el lugar menos pensado, como siempre dije, fue de la manera más extraña, y siento que así de fugaz también fue nuestro tiempo, pero fue un tiempo bien aprovechado. Al menos, eso quiero pensar. Contigo rompí esquemas, caí en lo que tanto me cuide en mis años donde era inmadura. Me quise dar una oportunidad que nunca fue mía, estuve dispuesta a hacer mil locuras o mil realidades. Creo que nunca fuiste consciente de mis palabras, la duda siempre fue más fuerte, te cerrabas y me obligabas a cerrarme, pero siempre hubiera estado para ti, lo que más deseaba era verte crecer y que cumplieras todo aquello para lo que estas destinado.

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A mi estrella fugaz

Pero a mí me tocó enamorarme de una estrella especial, una estrella fugaz, de esas que de repente pasan por tu vida, te iluminan, te atrapan, te ciegan, te llenan de momentos, de sonrisas y se van igual de rápido, dejando una estela de recuerdos, lágrimas y la oscura soledad.

Hace un tiempo me encontré con esta frase y con los años me he percatado que casi todos contamos con esas estrellas fugaces en nuestras vidas, no me refiero a lo romántico únicamente, sino a “personas especiales y fugaces” personas que pasan por nuestra vida por un corto período de tiempo y nos marcan de tal manera que las recordaremos siempre.

Les contaré una pequeña anécdota personal. Estaba en la universidad, estudie Cirugía dental, estaba en el peor momento, sentía que todo iba mal, a tal punto que considere abandonar la carrera. Aunado a esto, había terminado una relación hace un par de años de forma caótica, de esas relaciones que te dejan un sabor amargo y que al pasar los años te preguntas si seras capaz de conocer a otra persona. Así es, me sentía muy sola. Cuando estamos agobiados en problemas es cuando más sentimos la necesidad de compartir nuestra vida con alguien, porque pensamos que nos ayudará a sobrellevar nuestra carga.

En fin, en este período estaba haciendo rotaciones por diferentes hospitales y llegue al último que me correspondía, por supuesto con cero ganas y considerando seriamente huir de todo. Hasta que un buen día apareció mi estrella fugaz, con su saludo cortes cada vez que lo veía y su espectacular sonrisa, logro cautivarme. Me dio felicidad y alegría, me impulso a salir de mis problemas y por supuesto me hizo entender que por fin había olvidado mi relación anterior y estaba sintiendo algo especial por otra persona. Aunque no concretamos nada porque todo paso rápidamente, y por supuesto que me dio algo de tristeza no continuar la relación de amistad; hoy en día siento un agradecimiento infinito, porque sin saberlo me hizo sentir tantas emociones, curo mi corazón y me regalo la paz que había perdido hace un buen tiempo.

Muchas veces, estas personas que tocan nuestras vidas ni siquiera logran percatarse de la influencia que tuvieron en nosotros y desaparecen de tal forma que no les llegamos a contar o dar las gracias por el cambio que ejercieron. Por otro lado, algunas veces el cuento no es tan bonito, porque son estrellas que nos causan dolor. Así que tengamos en cuenta algo, ya sea para bien o para mal influencian nuestra vida, regalándonos felicidad, lecciones o tristeza; si son de esas estrellas dolorosas también agradezcamos ya que estás nos fortalecen y nos ayudan a forjar nuestro carácter.

Por último creo que deberíamos agradecer a estas personas, yo no lo pude hacer, pero guardo la esperanza de volver a encontrar mi estrella fugaz y agradecerle por aparecer en mi vida. Imagínense recibir el agradecimiento por “haber tocado mi vida”.