Extrañando el hogar

IMG_3839.JPG
Ciudad de Panamá. Foto: Instagram @takenbylis

Siempre recuerdo mi primer viaje, era por una semana, en un inicio pensé, es muy poco tiempo, no vamos a poder hacer mucho. La pasamos estupendo, pero la realidad es que al quinto día, empecé a extrañar a mi madre, su comida, mi casa y mi habitación, a mi perro, mi gata y hasta al vecino gritón… Tal vez todo fue por la ausencia de mi madre, a causa de su trabajo. Recuerdo ese quinto día en la noche cuando hable con mi madre, le repetí tantas veces mis ganas de comer uno de sus platos, a decir verdad la pase un poco mal con la comida, y por primera vez me vino a la mente todas aquellas veces que me queje de la comida de mi madre.

El punto es, soy de esas personas que al llegar al aeropuerto es la persona más feliz, que ama viajar, pero que al pasar unos días extraña su tierra, ya no a los cinco días, pero al regreso voy igual de feliz por ver y estar con los míos. Termino extrañando el calor agobiante de mi tierra, el tráfico enloquecedor e incluso las lluvias torrenciales inesperadas, es que el clima de Panamá es un poco bipolar. Creo que si me decidiera por irme a otro país tendría que llevarme a mi banda completa, que por suerte no tiene muchos integrantes, pero es que hasta las peleas entre la gata y el perro son necesarias.

Todo esto me hace pensar en quienes tienen que abandonar su hogar, en busca de un mejor futuro porque en su propia patria no lo encuentran, aquellos que tienen que dejar a sus seres queridos sin la certeza de saber cuando volveran a verlos nuevamente, lo difícil que debe ser llegar a otro país buscando establecerte estando solo. Admiro su fortaleza, porque hay que ser muy fuerte para salir adelante extrañando el hogar.

El sueño más bonito

Ya se cumplía un mes que no te veía, pero allí estabas nuevamente, aún puedo sentir la nostalgia que me invadió, sabía que no era igual. Regresamos a ese entonces, como cuando era una niña, como aquellas tardes, cuando esperaba ansiosa tu regreso a casa para emprender nuestro paseo diario, y es que para ti no existía cansancio del día que impidiera nuestra salida.

PSX_20180204_161914

Empezamos a caminar, ahora que lo pienso, es casi el mismo barrio, con menos autos y sin el bullicio de cada tarde. Esta vez no hubo las pausas por aquellos vecinos que repetían la misma conversación de ayer, esta vez no tuve que pellizcar o hacer muecas para que tu complicidad entendiera mi impaciencia, pero aún así el camino se hizo más largo, más largo que nunca. Escucho a lo lejos salir de las casas lo que supongo era el sonido de las noticias, veo los reflejos del televisor en las ventanas, el asfalto negro y tu mirada hacía el frente… Y llegamos, nuestro lugar favorito, ese que sí cambio, que ya no existe. Pero allí estaba, como hace tantos años, y recordando, casi puedo sentir como subimos esos tres largos escalones de piedras. Como todos los días el Sr. Salaz nos esperaba, solo que hoy no dijo nada, como siempre tras aquel mostrador verde, veo la vidriera repleta en dulces, recuerdo cada estantería, la escasez de luz, eramos los únicos en el lugar. Puedo escuchar aquel ronroneo de la nevera y su vidrio nublado. Camino detrás de ti hasta el final del pasillo, directo al viejo congelador con helados, como siempre tienes que tomar mi mano para evitar que pase a través de esa cortina de esferas que, siempre llamó mi curiosidad a descubrir que había detrás.

Leer más “El sueño más bonito”