El hombre-carro…

Llego a “esta ciudad” y desde entonces le llamaron CARRO. Ese solo nombre le dio a entender que el sentido de su vida sería recorrer y recorrer caminos hasta llegar a “otra ciudad” llamada PLENITUD. Y conscientemente aceptó su VOCACIÓN.

Durante su niñez, CARRO, embriagado por la alegría y el entusiasmo, soñó que su vida toda sería una AUTOPISTA por la cual podría avanzar tranquila y placenteramente, sin tropiezos ni frenazos, teniendo como compañía el esplendor de un día interminable, la belleza del paisaje encantador y la estimulante música arrancada caprichosamente a su modero pasacintas. Así, soñando, soñando, pensó seriamente que la vida era sólo una sonrisa…

Pero CARRO, a medida que vivía fue descubriendo que la existencia era una CONGESTIONADA CARRETERA por la cual igualmente transitaban carro de todos los modelos, tamaños y colores… a velocidades muy distintas. Entonces empezó a comprender que vivir es avanzar, luchar, correr, y no solo sonreír. Sí, avanzar a pesar de todo, para llegar a la otra ciudad en compañía de muchos otros carros. Ahí reafirmó su VOCACIÓN.

Un día, en vez de la música elegida y dopadora del pasacintas, encendió la radio y en todas las emisoras escuchó noticias relacionadas con el tránsito de la ciudad: choques frecuentes entre carros, que entorpecían el avanzar; carros asesinos; carros parqueados; carros salidos de la vía; carros estrellados, muertos, por exceso de velocidad; carros detenidos por haber irrespetado las normas de tránsito; carros sin placas, sin identidad; carros parados por falta de combustible; carros grandes que quitaban la vía o se la cerraban a los más pequeños; carros por la izquierda, por la derecha; carros por el centro…

La radio continuaba haciendo noticia lo que todos los carros vivían y observaban. CARRO se sintió incómodo, y para tranquilizarse apagó  la radio con el fin de escuchar nuevamente su pasacintas, pues se sentía mejor… Pronto brotó del cassette que seleccionó, una melodía que le hizo olvidar las noticias. Decía así:


Vive feliz, vive cantando,
Que la vida es vida
Si la haces soñando
La, la, la, la, la, la…


Escuchando la canción creía estar en PLENITUD. Pero no, se hallaba en plena carretera, al lado de muchos carros, con muchos otros carros, sabiendo para dónde iba, pero a ratos sin saber por dónde, sin saber cómo, sin saber por qué. En medio de su desconcierto, invocó la LUZ. Y la LUZ, que ya existía pero no había sido percibida, empezó a jugar papel importante en su vida. Así, con la ayuda de la LUZ, pudo avanzar más firme, corriendo de día y de noche.

Cuando deseaba lanzarse con rapidez a conquistar la otra ciudad, una LUZ roja le invitaba a detenerse, a reflexionar su camino, a respetar el paso de los otros carros que, a pesar de llevar distintas direcciones, tenían la misma meta. El detenerse ante el semáforo en rojo no solo le brindaba la posibilidad de avanzar mejor, sino que hacía brotar en él una satisfacción y una alegría muy distintas a las que experimentaba escuchando su pasacintas.

A ratos creía ir por la verdadera ruta, cuando de repente hallaba una flecha de LUZ verde que le indicaba cambio de dirección. También CARRO tuvo que transitar durante muchas noches. Entonces tenía que recurrir a la LUZ que llevaba en su interior, consciente de que solo una batería bien cargada era capaz de ayudarle a superar las oscuras noches de la carretera.

Muchas cosas de esta ciudad invitaron a CARRO a parquearse, a detener su marcha, a despreocuparse de su meta, a retardar su arribo a ella. Y varias veces detuvo. En momentos pensó que era mejor esta ciudad; en ocasiones fue invitado por otros carros que habían decidido estacionarse; y más de una vez, en la noche, se le descargó la batería.

Sin embargo, a pesar de las paradas, CARRO valientemente re-emprendió la marcha y… poco a poco fue entendiendo que los que paran prefieren el pasacintas a los noticieros. Fue cuando, con gran conciencia, resumió su VOCACIÓN a la PLENITUD, con la firme resolución de no volverse a parquear y de dejarse guiar totalmente por la LUZ, en sus diversas manifestaciones.

Cuando aprendió a correr así, orientado por la LUZ, respetando la velocidad de los otros carros, con ellos, sin estacionarse, dispuesto a propiciar por las emisoras buenas noticias, comprendió que la otra ciudad empezaba acá. Que era ésta, vivida, corrida así. Y siguió llegando a PLENITUD, mientras en su rostro se reflejaba una expansionadora sonrisa, muy distinta a la de su niñez.

Raúl Echeverri Mejía.

En una tarde de limpieza, termine desempolvando recuerdos… Qué tal este escrito, entregado por nuestro profesor de filosofía en el colegio. 


Para fotografías puedes seguirme en Instagram como @takenbylis; para compartir artículos, noticias, frases y una que otra curiosidad en Twitter como @toldbylis, y para hablar sobre música en el Blog Somos Melómanos.

¡Hasta pronto!

Anuncios

Autor: Lis

Compartiendo historias y retratando instantes...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s