El árbol

Les ha pasado que algo forma parte de sus vidas por tanto tiempo, que termina pasando desapercibido, pero en el momento en que falta nos duele su ausencia. Pues así no paso con aquel árbol…

Cuando mis abuelos llegaron a la casa lo sembraron, se puede decir que creció con mi madre, luego llegó el momento en que mis padres formaron su hogar y allí continuaba. Desde que tengo uso de razón, recuerdo aquel árbol gigante a un costado de la casa.

Durante el verano, nos refrescaba con la fuerte brisa que sus hojas dirigían dentro de la casa y nos daba sombra de los intensos rayos de sol. En el invierno, esa misma brisa nos asustaba por el zumbido de sus hojas y ramas, junto a los relámpagos y las gotas de lluvia sobre el techo de la casa. En el mis hermanos y yo aprendimos como subir un árbol, por supuesto más de uno salió lastimado. Jugamos bajo el infinitamente, sus hojas formaron parte de la caja de la tiendita y de la comidita que preparaba junto a mis amiguitos, también me hizo renegar mil veces “porque tenía mil hojas que caían todos los días” y me tocaba recogerlas. Fue el hogar de cientos de pajaritos que al pararse en el nos regalaban sus melodías. Sin olvidar mencionar también los monos, ardillas, gusanos y arañas (la presencia de los últimos no tan agradable) que pasaron por sus ramas. Era el lugar predilecto para sentarse cuando se estaba desanimado o querías hablar con alguien en particular de la casa sin que los demás escucharán. Y que decir de la Navidad, era la envidia de todos por lo mágico que se veía con las luces que abrazaban sus ramas, sin contar que era el lugar donde se apreciaba la decoración de la casa a la perfección. Lastimosamente, los años hicieron efecto en el, las ramas ya no se sostenían, ya casi no tenía hojas y amenazaba con caer sobre la casa, así que se tuvo que tomar la triste decisión de cortarlo. Curiosamente todos decidimos estar en casa, a algunos se nos escapó una que otra lágrima y la melancolía nos embargo, incluso los vecinos compartieron el luto a nuestro lado, quienes mientras cortaban las ramas, llegaban a nuestra puerta con palabras como “que lástima” o “ese árbol estaba allí desde que llegue por aquí” en señal de pésame.

Aquel árbol dio compañía a cuatro generaciones, pues mis sobrinos también llegaron a contemplar su majestuosidad. Sólo quedan los buenos recuerdos creados y las mil historias que contar en torno a el, las cuales estoy segura van a perdurar en la familia durante muchos años más.

Anuncios

Autor: Lis

Compartiendo historias y retratando instantes...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s